Derechos Humanos, Nicaragua, Tiempos

La barbarie, la justicia y la CIDH

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La ciudad de Masaya recibiendo a la CIDH. Foto: CIDH

Una llega al céntrico hotel de la capital donde la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), se instaló por tres días a recibir denuncias de violaciones a derechos humanos cometidas a partir del 18 de abril, y se encuentra con imágenes impresionantes: una marcha de varios cientos de personas en la calle, tal vez miles, pidiendo justicia y cargando banderas de Nicaragua; un poco más cerca, una larga fila de más de 200 metros con personas de todas las edades y condición social que esperan pacientemente para entrar; en el lobby del hotel, un apretujamiento de periodistas, personas esperando turno para interponer denuncias, defensores de derechos humanos entrevistando víctimas, policías disfrazados de civiles y empleados del hotel. Un poco más adentro, varios salones ocupados con equipos de la CIDH atendiendo reuniones y víctimas. Dicen que otros cuatro equipos de la Comisión estaban fuera del local recopilando denuncias e información. Así ha sido desde el primer día.

Las ciudades que han visitado, Masaya, León, Matagalpa, también se han desbordado de gente denunciando asesinatos, agresiones, amenazas. Han llevado cargando a los jóvenes heridos, han instalado exhibiciones completas de casquillos y municiones utilizadas por la policía y los paramilitares del gobierno. Cosas inimaginables, cantidades impensables de casos. Barbarie y violencia estatal infinitas. Y al final de cada relato, una sola petición: ¡Justicia!

El reto para la CIDH es enorme por la cantidad y la complejidad de lo que todavía está sucediendo en Nicaragua. Seguramente será un precedente crítico para el Sistema Interamericano de Derechos Humanos y requerirá un replanteamiento de muchos procedimientos y mecanismos. Frente a la sociedad nicaragüense el reto es aún mayor, pues la CIDH tiene que responder al inmenso clamor de justicia de las víctimas en primer lugar, y de la sociedad en su conjunto, desamparadas por un sistema judicial viciado y controlado por los Ortega-Murillo, que más bien encubre los crímenes. No hay nadie más a quien acudir. Por eso, la gente ha llegado valientemente y en masa, a denunciar la barbarie.

Un reto más inmediato es encontrar un mecanismo que impida las acciones de represalia del gobierno y sus paramilitares una vez que el organismo internacional ya no esté en el país. Una seguridad necesaria frente a un gobierno que ha dado muestras de crueldad infinita y que no ha tenido reparos en derramar sangre inocente.

Todos presentíamos las dimensiones del holocausto cuando vimos las primeras imágenes y asesinatos, pero nadie podía imaginar tanto. Los mismos comisionados de la CIDH no pueden contener las lágrimas al escuchar a las víctimas. Ahora es cuando estamos tomando conciencia de la crueldad y la barbarie cometida. La verdad apenas asoma y la herida que abrió el gobierno Ortega-Murillo, no cerrará fácilmente. Por eso no es posible pensar el mañana sin justicia. Por eso, no puede haber perdón ni olvido. Eso es innegociable.

Managua, 21 de mayo de 2018

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Un comentario en “La barbarie, la justicia y la CIDH

  1. No lo puede haber ni perdón ni olvido cuando en el diálogo nl tienen el mínimo respeto de dirigirse a las víctimas de las personas asesinadas Elvira. Es doloroso y toda esta vorágine en la que elblais6no volverá a ser el mismo.

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