Democracia, Nicaragua, Paz, Tiempos

Cuando la paz es el camino

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Cadena humana de resistencia. Foto: Jorge Mejía Peralta

Se le atribuye a Gandhi una conocida frase en la que se afirma: “No hay camino para la paz. La paz es el camino”. Esa es la premisa fundamental de los movimientos pacíficos, cívicos y no violentos. Aunque no se ha dicho explícitamente en esos términos, lo es también para el movimiento ciudadano que en Nicaragua ha emprendido una lucha cívica que desde hace tres meses busca cambiar un régimen dictatorial para retomar la senda de la democracia.

Cuando la opción es la paz, es decir, cuando el camino de la transformación social se hace a partir de la acción cívica y la no violencia, los ejes de la contienda cambian radicalmente. Uno de ellos es el fundamento ético de la acción social. En todos los movimientos cívicos de cambio social, desde la India, el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos y los más recientes en Europa, Asia y el resto del mundo, cuando se renuncia a la violencia como el método o la ruta de cambio, se trastoca totalmente un paradigma que ha prevalecido a lo largo de la historia. Incluso la nuestra.

Nicaragua ha dado muestras de una firme vocación cívica, democrática y pacífica desde 1990 cuando optó por las urnas y el voto como método para terminar con la guerra que desangró al país por más de diez años. Ese fundamento ético se ha mantenido y reafirmado desde entonces; se puede ver en numerosas expresiones ciudadanas durante las últimas tres décadas y es la característica más importante del Movimiento Cívico de Abril o Movimiento Azul y Blanco.

¿Por qué es importante? Porque, además de darle una inmensa legitimidad, reconocimiento y credibilidad, rompe completamente la lógica de la violencia y la represión estatal al utilizar otros recursos y no ceder a la provocación. Pero la decisión de tomar el camino cívico no es sólo ética, es de principios, valores y voluntad firmes. Requiere nuevos repertorios de acción y nuevos discursos.

Pero la paz y el camino cívico no son fáciles. No lo fueron en las experiencias de otros movimientos y no lo son para el Movimiento Cívico de Abril. Dos de sus retos más importantes se encuentran en lidiar con las consecuencias de la violencia y la represión, sobre todo porque el “otro”, el opresor, el que se niega a reconocer el cambio en curso, responde siempre con violencia brutal. Los más de 300 asesinatos, los miles de heridos, detenidos, desaparecidos y amenazados; así como el terror que han desplegado las fuerzas policiales y parapoliciales durante estos tres meses son una evidencia clara. El otro gran reto es el de lidiar con la tentación de usar el método de la violencia para responder al agresor, sobre todo cuando ésta escala hasta niveles inimaginables de crueldad y saña.

El Movimiento Cívico de Abril ha mostrado que cuenta con todos esos recursos y hasta ahora ha podido enfrentar esos dos retos con mucha firmeza y creatividad. Esa es por sí misma, una gran victoria que agiganta y le da una nueva dimensión de humanidad a todas y todos sus integrantes. Ciertamente, ellos, ellas y la sociedad nicaragüense no volverán a ser los mismos desde el 18 de Abril. No seremos perfectos, pero seremos otras/os.

Managua, 5 de julio de 2018

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