Democracia, Nicaragua, Tiempos

Los jóvenes de Abril: el resurgimiento del movimiento juvenil

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Jóvenes universitarios marchando. Foto: internet

En estos días se conmemora el segundo aniversario de la insurrección cívica de Abril que cambió el escenario político de Nicaragua. La sociedad nicaraguense se volcó a las calles hastiada del gobierno, que respondió con una escalada de represión nunca vista. Los jóvenes de tres generaciones se pusieron al frente de las protestas, marchas y acciones cívicas, reanimando al movimiento juvenil que había permanecido alicaído y cooptado al menos durante dos décadas.

Tres generaciones distintas

En Abril de 2018, tres generaciones distintas de jóvenes se encontraron en las calles. La primera generación, los jóvenes de los 90, son en realidad adultos jóvenes nacidos durante la revolución, que vivieron su infancia en medio de la guerra. Políticamente se identificaban con las posiciones de centro. La segunda generación, nació en la década de los 90 y son los jóvenes que rondan los 20 años. Crecieron escuchando hablar de la democracia y las instituciones; se identificaban más con posiciones de izquierda como de derecha. La tercera generación nació a inicios del 2000 y son los jóvenes entre 16 y 20 años. Prácticamente no conocen otro gobierno que el de Daniel Ortega, crecieron viendo cómo se instalaba el régimen, restringiendo los derechos y libertades ciudadanas. De ellos sabemos poco sobre sus posiciones políticas.

Las tres generaciones compartían la preferencia por un régimen político democrático, las acciones cívicas, cierta disposición a participar en actividades políticas y un fuerte distanciamiento con las prácticas y actores políticos tradicionales. Las tres refugiadas en la certidumbre de la familia y las congregaciones religiosas hasta antes de Abril. Tres generaciones con características compartidas y diferencias, un sujeto en movimiento y en proceso de maduración. Esos son los jóvenes que salieron a las calles en Abril y han sostenido una buena parte de las acciones cívicas desde entonces.

Los embriones organizativos

Antes de Abril de 2018 ya existían grupos u organizaciones que constituían una importante aunque incipiente y pequeña red de activismo juvenil; muchas de ellas estaban vinculadas con una diversidad de temas tanto a nivel local como nacional, entre ellos: la prevención de la violencia hacia las mujeres, los derechos sexuales y los derechos reproductivos, la diversidad sexual; las oportunidades para la educación y el empleo; la protección del medioambiente y los recursos naturales, y los emprendimientos económicos.

Aunque no se trataba de organizaciones amplias o muy maduras, más adelante se convirtieron en el punto de partida para la participación de los jóvenes en las acciones cívicas.

La reactivación del movimiento juvenil

Con las protestas, las organizaciones juveniles se multiplicaron en todo el país y el movimiento juvenil, antes cooptado y desmovilizado, adquirió una nueva vitalidad y dinamismo.

Las primeras acciones sociales fueron genuinamente autoconvocadas. Las redes sociales fueron el principal canal de comunicación, nadie sabía exactamente quién convocaba y no había líderes preconstituidos. La ocupación de los recintos universitarios en diferentes ciudades no fue una acción preconcebida propiamente, sino un mecanismo de protección frente a la represión policial, pero requirió un mínimo de organización para controlar los locales, realizar acciones de protesta y el apoyo logístico necesario.

El inicio del Diálogo en mayo de 2018 dio paso a un nuevo momento en el que se conformaron varias coaliciones juveniles. De manera casi simultánea, en diferentes ciudades del país, los jóvenes junto con otras personas comenzaron a organizar estructuras territoriales. Ya había liderazgos jóvenes emergentes en diferentes espacios y acciones. La Operación Limpieza del gobierno resultó en el asesinato y apresamiento de númerosos jóvenes, así como el exilio de miles más, obligando a reconfigurar las incipientes estructuras organizativas y acciones del movimiento tanto dentro como fuera de Nicaragua.

Una mención especial merecen las mujeres jóvenes que desde distintas posiciones como activistas, líderesas y defensoras de derechos humanos, se colocaron al frente de las acciones cívicas desde el primer momento. Ellas han estado en la primera fila de las marchas, las barricadas, los recintos universitarios, la atención médica, la búsqueda de alimentos, sosteniendo a las víctimas y sus familiares. Desafiando al poder desde adentro y afuera. Una buena parte de ellas provenía o tenía alguna simpatía con las organizaciones de mujeres, y han aportado una invaluable cantera de jóvenes líderesas con un gran reconocimiento nacional y local, además de una gran fuerza vital que ha sido la columna vertebral de numerosas acciones cívicas.

Los jóvenes de la comunidad LGBTIQ también han aportado su fuerza vital al movimiento en todos los sentidos. Un papel similar han tenido los jóvenes de la Costa Caribe y los que pertenecen a las comunidades indígenas. Muchos de ellos ya estaban activos desde antes de Abril y siguen participando activamente.

Todas las organizaciones que nacieron al calor de la insurrección cívica han experimentado un proceso de estructuración y maduración en la medida que el tiempo ha transcurrido. Los grupos y organizaciones, así como los liderazgos cambian constantemente, se van adaptando a los cambios del contexto y le van dando nueva forma al movimiento que es diverso y en pleno proceso de cambios igual que los jóvenes que lo integran.

Liderazgos emergentes

El movimiento juvenil actual tiene una cantera amplia de líderes que emergieron en tres momentos: a) aquellos con vínculos organizativos y experiencia política previa a abril de 2018; b) líderes surgidos en los primeros meses de la insurrección cívica, y c) líderes surgidos después de la escalada de represión gubernamental de 2018. Los primeros estaban vinculados con organizaciones de sociedad civil, ya fueran estas organizaciones ambientalista, de derechos humanos, de participación ciudadana, feministas, o juveniles propiamente.

El segundo grupo no tenía vínculos organizativos ni experiencia de participación previa; se vieron enfrentados a situaciones de represión gubernamental y violencia al más alto nivel; asumieron papeles de liderazgo en medio de las marchas y la ocupación de los recintos universitarios. Son líderes naturales que se destacaron por su participación y capacidad de coordinación. La vorágine de los acontecimientos y la responsabilidad que les correspondió asumir tempranamente los llevó por caminos que ninguno de ellos sospechaba. Una buena cantidad han sufrido prisión, tuvieron que exiliarse o les ha tocado vivir durante casi dos años bajo asedio, amenazas, ataques y vigilancia gubernamental.

El tercer grupo está compuesto por jóvenes que tampoco tenían vínculos de organización ni experiencia de participación previas a Abril de 2018; una buena parte de ellos son muy jóvenes, algunos menores de 20 años. Se integraron a las acciones cívicas y cuando los líderes más visibles fueron perseguidos y apresados, se hicieron cargo de diferentes responsabilidades organizativas y las acciones de resistencia cívica.

Estos liderazgos juveniles están también en proceso de constitución, no están excentos de padecer las virtudes y defectos de la cultura política nicaraguense y de las prácticas políticas que han prevalecido en el país.

El movimiento en perspectiva

Las organizaciones y grupos juveniles tienen diferencias que se relacionan con las variadas perspectivas existentes en la sociedad nicaragüense respecto a la salida de la crisis, la democracia y el futuro del país. Algunas organizaciones se identifican con posiciones ideológicas de izquierda, pero también hay de centro y derecha. Las tensiones están a la vista.

La insurrección cívica que irrumpió en Nicaragua, catapultó a los jóvenes como sujetos activos de un proceso de cambios, llevándolos a ocupar posiciones de liderazgo social y político. El precio que han pagado ha sido bien alto, con cientos de jóvenes asesinados, apresados, torturados y enjuiciados arbitrariamente, miles de heridos y miles de exiliados. El movimiento juvenil se ha reanimado. Se ha ampliado su densidad organizativa, la participación política de los jóvenes se ha incrementado, han adquirido experiencia y madurez política de manera acelerada, y han emergido numerosos líderes juveniles. El movimiento se ha ganado el reconocimiento y la legitimidad de toda la sociedad nicaragüense que pasó de considerar a los jóvenes como “apáticos e indiferentes” a héroes y personas comprometidas con Nicaragua. Sus contradicciones igual que sus retos son los mismos que tiene planteada toda la sociedad en Nicaragua, nuestros propias contradicciones y retos. Son los desafíos del presente y del futuro que se está construyendo.

Managua, 18 de abril del 2020

 

 

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5 comentarios en “Los jóvenes de Abril: el resurgimiento del movimiento juvenil

  1. Barbara Lucas dijo:

    Gracias Elvira por este análisis, lo compartiré entre los grupos alemanes. Saludos desde Wuppertal, Informationsbüro Nicaragua, Barbara Lucas

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