Centroamérica, ciudadanía, Conflictos sociales, Democracia, Nicaragua, Paz, Tiempos, Violencia

Detener la violencia política ya

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Carlos Bonilla. Foto: Carlos Herrera/Confidencial

El intento de asesinato a la pareja Bonilla-García la semana pasada es uno de los últimos casos conocidos de violencia política en Nicaragua. Aunque algunas personas argumentan que el motivo pudo no ser político, sino el simple robo, la forma en que ocurrió y las consecuencias para la pareja, ameritan que las instituciones del Estado se tomen en serio la investigación y el castigo a los culpables, entre otras razones por las siguientes: Sigue leyendo

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Y las calles se llenaron de gentes

La marcha de Juigalpa, Nicaragua. Foto: Onda Local

La marcha de Juigalpa, Nicaragua. Foto: Onda Local

En Guatemala, Honduras y Nicaragua. Igual que en otros tiempos y en otros lugares las gentes salieron de sus casas y se fueron a las calles. A decir que no están contentos, que quieren democracia de verdad, transparencia, que quieren justicia y no más impunidad. Pero sobre todo, salieron a exigir ¡respeto! Sigue leyendo

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Diez lecciones de paz desde Centroamérica

Foto: La paz

Foto: La paz

…que los colombianos no nos ha pedido.

Ahora que la posibilidad para la firma de un acuerdo entre el gobierno y las FARC de Colombia es más cercano que en otros tiempos, bien vale comentar algunas lecciones de la experiencia que hemos vivido los centroamericanos tratando de construirla. Por supuesto, el orden no indica la importancia. Sigue leyendo

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Los forajidos de siempre

Rearmados en Nicaragua. 2014

Rearmados en Nicaragua. 2014

El poder siempre los ha llamados “forajidos” y a sus acciones les atribuye la connotación de delincuencia común. Así fue en los 90 con los grupos de ex combatientes nicaragüenses que se alzaron nuevamente en armas cuando el gobierno incumplió los acuerdos de desmovilización; así fue antes cuando las columnas guerrilleras del FSLN luchaban contra la dictadura somocista; y antes de eso, “bandolero” le llamaron a Sandino aquellos que no reconocían su justa batalla contra la intervención militar en Nicaragua. En otros lugares y otros tiempos también les han llamado “forajidos”. No es raro que ahora les llamen igual, o parecido.

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Diez reflexiones cortas sobre conflictos en Nicaragua

La historia no se cambia repitiéndola.  PXMolina/Confidencial

La historia no se cambia repitiéndola. PXMolina/Confidencial

 

1. El conflicto social y político en Nicaragua es una realidad de la vida cotidiana desde hace décadas.
2. La violencia no es parte de la idiosincrasia nacional, es expresión de la desigualdad y marginalidad en que viven grandes grupos sociales.
3. La violencia política siempre ha sido expresión de conflictos sociales no escuchados y no atendidos.
4. El conflicto social se transforma en violencia política cuando el Estado no tiene, o no quiere tener, mecanismos institucionales para atender las demandas y necesidades sociales.
5. No hay pobres manipulados, hay ciudadanos que quieren ser escuchados.
6. Los gobiernos siempre han intentado esconder o eliminar el conflicto social y político.
7. El método preferido ha sido la represión con policía o ejército aunque sus efectos son contraproducentes. Violencia genera más violencia.
8. El otro método es la estigmatización. “Bandas de delincuentes rurales” les llamaron a los ex combatientes a inicios de los 90; “transgresores”, eran los estudiantes que demandaban el 6 % del presupuesto para las universidades; “delincuentes”, “terroristas”, “desestabilizadores del gobierno”, les llaman ahora nuevamente.
9. La violencia de los últimos días más que motivaciones políticas, tiene origen en causas sociales: pobreza y marginalidad.
10. Cuando han existido espacios de diálogo y participación, la violencia social y política ha disminuido significativamente.

Rompamos el círculo…

Managua, 18 de agosto de 2014

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El dilema de la Policía

Elvira Cuadra. Foto: Ieepp

Elvira Cuadra. Foto: Ieepp

La forma en que actúa la Policía Nacional de Nicaragua es motivo de controversias desde hace varios años, especialmente cuando de actividades políticas se trata. No es la primera vez que la institución se enfrenta a esos dilemas y controversias. Hubo un antes que vale la pena tener en cuenta. Recientemente, el periodista Octavio Enríquez, de Confidencial, me hizo una entrevista sobre el tema que pueden leer abajo o siguiendo el link.

http://www.confidencial.com.ni/articulo/17380/el-dilema-de-la-policia-nacional

Managua, 18 de mayo de 2014

El dilema de la Policía

por Octavio Enríquez

Desde antes de que ustedes analizaran la nueva ley de la PN que era necesario un cambio de la ley, ¿por qué?
Tiene antecedentes largos, que tienen que ver con la forma en que la Policía se ha desarrollado desde los 90 hasta hoy. La cantidad de dilemas que le tocó resolver, los llevaron como institución a tomar decisiones para preservarla y fortalecerla. Eso significó un proceso que se ha conocido como profesionalización y modernización.
Uno de los puntos fundamentales fue la elaboración de la ley 228, allá por el 96. Porque la Policía estaba en estado de debilidad jurídica que era necesario subsanar, porque efectivamente a la institución le tocaba lidiar no sólo con problemas cotidianos de seguridad, sino también con muchos conflictos de orden político. Se hizo la ley para darle un marco de actuación más sólido, firme y luego se comenzó a desarrollar el proceso de manera plena.

Dieciocho años después, ¿cómo está la Policía?
A mí me parece que ese proceso de profesionalización y modernización ha significado una serie de cambios, en su marco de actuación, porque los problemas de la seguridad ya no son los mismos, ni los de los ochenta ni de los noventa, ahora son nuevos problemas; nuevas formas de operar de la criminalidad y particularmente del crimen organizado, es una nueva Policía, hay oficiales de nueva generación, hay una nueva concepción acerca del trabajo, se ha reforzado el tema de la prevención y eso en algunos aspectos les ha dado resultado. En algunos aspectos es una Policía más fortalecida, en otros me parece que sigue débil. La debilidad más grande ha sido siempre la de los vínculos políticos.

¿Cómo describiría la relación con la política?
Tiene que ver con una tentación permanente de parte del poder, en este caso léase Gobierno, por controlar y mantener subordinada a la institución. Ese fue uno de los grandes dilemas de la Policía a inicios de los noventa y ese vuelve a ser nuevamente uno de los grandes dilemas veinte años después, es un dilema no resuelto.
Ha corrido tanta agua bajo el puente, ¿pero parece que sigue la misma situación?
Desafortunadamente sí. Lo ideal hubiera sido que la Policía no tuviera que enfrentarse a un dilema como el que tuvo en los noventa en el sentido en que tener que decidir si seguía más la línea partidaria a que si se apegaba más a la preservación de la institución. En aquel primer momento prevaleció lo de apegarse a su rol institucional y ahora es un dilema que no han terminado de resolver, porque quieren jugar los dos papeles al mismo tiempo y miramos un discurso contradictorio, en relación al papel de la Policía, en el aspecto meramente técnico de prevención y persecución de la delincuencia y criminalidad y por otro lado vemos una actuación errática cuando se trata de actividades políticas.
En otro momento, los conflictos políticos generaban mucha tensión, pero precisamente por la formación, que no tenía orientación represiva, que no quería hacer eso, y ahora yo lo que veo es que hay actitudes que han venido cambiando. No sé si eso se debe a los compromisos políticos que pueda tener ahora la institución, el nivel de subordinación con el gobierno. O tiene que ver con que esta es nueva generación de oficiales que ven las cosas de manera diferente. A principios de los 90, la Policía trataba de mediar los conflictos políticos, resolver de manera pacífica y desactivar las fuentes o la violencia potencial que podían surgir a través de mecanismos que no implicara la represión.

¿En qué momento se dio la regresión de la Policía?
No te podría decir que hay un momento específico. El nivel de influencia del gobierno sobre la institución es muy fuerte por la condición natural de subordinación, por su debilidad institucional. Efectivamente la Policía no es el Ejército, no tiene la fuerza ni protagonismo que tiene el Ejército, es más susceptible de este tipo de cosas.
El otro punto latente es que hay una dirigencia dentro de la institución que todavía tiene ciertos vínculos por trayectoria política con el partido de gobierno y nunca terminaron de romper ese lazo político por alguna razón. Durante todos los gobiernos anteriores, aunque se avanzó mucho en el proceso de modernización y profesionalización, siempre también hubo un margen que lo dejaron los mismos gobiernos y las mismas autoridades civiles que no llegó a fortalecer los sistemas de supervisión y control cruzado que debería de haber sobre instituciones claves como el Ejército y la Policía.

Ustedes sostienen que desaparece la relación de la Policía con el Ministerio de Gobernación, ¿cómo puede leerse esta propuesta de ley de la Presidencia?
Lo que está de por medio es una perspectiva del poder en el cual el gobierno ve a las fuerzas armadas, tanto Policía como Ejército, como instrumentos claves del ejercicio de su poder y del nivel de control que pueden tener con la sociedad. Desde 2007 hubo intentos, luego ha habido procesos que estoy segura han significado muchas tensiones a lo interno de la institución, por cooptar liderazgos, por establecer relaciones clientelistas y personales y ahora estamos viendo un punto en el cual, aprovechando una necesidad de la institución (la nueva ley), también se introducen elementos que refuerzan ese vínculo político personal y de subordinación entre el Presidente y la jefatura.

¿Cuál es el punto que más le preocupa de la iniciativa?
Igual que en el caso del Ejército el punto que me preocupa es esa relación directa, la falta de control, la falta de supervisión, y me pueden decir que antes no había, o que no era mucho. Pero había un marco normativo que te permitía y que te daba espacio para ese control cruzado para ejercer una relación más equilibrada entre autoridades civiles y Policía. El problema es que para mí eso se eliminó y es un riesgo bien alto, porque entonces deja a la discrecionalidad del Jefe Supremo una serie de decisiones en relación a la actuación de la Policía, en relación a cómo se definen problemas o amenazas a la seguridad, cómo va actuar, cómo va salir la Policía a la calle.
Una cosa son las funciones del quehacer cotidiano de la institución, ahí está bastante bien preciso, y otras de la competencia del Jefe Supremo. Por ejemplo cuando te dice ´situaciones de interés nacional´ no están definidas en esta iniciativa, pero qué es el interés nacional, quién lo define: El jefe Supremo.

¿Qué capacidad tiene un jefe de la Policía de decirle al Presidente ´yo me apego a la Constitución´?
El margen de discusión siempre ha sido bastante corto.

Le hago la pregunta de otro modo: ¿Qué independencia podría tener la directora y su jefatura cuando la prórroga de sus cargos queda a criterio del Presidente?
La diferencia antes es que, si bien la Policía está obligada a obedecer las órdenes del Presidente y el marco de actuación institucional no le daba mucho chance para negarse, ahora con este tipo de disposiciones que se quieren introducir se está agregando además un componente en el cual se construye una relación y un vínculo personal. Lo podemos calificar hasta de clientelista. Como mi cargo depende de estar de buenas con quien gobierna entonces hago lo posible en tanto me interese seguir en el cargo.
Nosotros vemos como en períodos anteriores la jefatura de la Policía había pasado de un período a otro sin mayores trastornos y contratiempos y habían asegurado una continuidad de procesos a la institución. ¿Qué gana la institución con introducir eso de la permanencia indefinida en los cargos? Me parece que nada.

¿Y qué gana el poder político?
Gana quien aparece como Jefe Supremo. Efectivamente se asegura la lealtad de la jefatura. Por eso digo que es un elemento de riesgo alto.

¿Hay alguna salida para la Policía?
Tiene salida en la medida en que la jefatura asuma una actividad proactiva y diga esta persona ya ejerció funciones en este cargo y es necesario hacer un cambio. Por mucho que el Presidente quiera mantenerlo hay una necesidad de cambio que se está planteando desde adentro.

¿Usted cree posible eso ahora?
Es posible si hay voluntad política de hacerlo y creo que lo que más le conviene, pensando en los dilemas que se enfrentó en otros tiempos, es promover ese recambio en la dirección cada cierto tiempo y dar espacio para la renovación, para que oficiales que van escalando en jerarquía tengan oportunidad de dirigir a esa institución cuando les toque el momento.

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El Pulpo romántico

El Pulpo romántico. Foto: Liosday Landaburo

El Pulpo romántico. Foto: Liosday Landaburo

En la acera de enfrente, un grupo de hermosos jóvenes mulatos, bailan, bromean y toman cervezas. Detrás de ellos la playa, un inmenso mar con una fila de barcos petroleros esperando entrar al puerto y por la calle, gentes que van y vienen. Mañana, tarde y noche el cuadro se repite una y otra vez mientras el “Pulpo romántico”, uno de los restaurantes más antiguos y conocidos del lugar, espera con sus puertas abiertas a los esmeraldeños.

Pero esta tarde de sábado frente a él se ha juntado un grupo de gente diferente y diversa, igual que la gente de Esmeraldas, la ciudad y la provincia costera de Ecuador. Algunos son maestros, otros periodistas. Hombres y mujeres; unos jóvenes y otros, no tanto; mulatos, indígenas y mestizos. Todos reciben y agradecen la refrescante brisa marina que calma el calor y descansan la vista con el bonito atardecer que ofrecen el sol y las palmeras.

Se conocieron hace poco, pero conversan animadamente de algo que les ha ocupado todo el día: la diversidad de culturas que co-existen en la ciudad. Una diversad que está representada en ellos mismos, pero que viene aparejada con la discriminación, el rechazo, los conflictos y la violencia. Hablan de hermosos rituales, música y comidas; pero también de experiencias que duelen porque las ven, las tocan y las viven diariamente en la casa, en la escuela, en todas partes.

El fin de semana, su tiempo de descanso, se han reunido, algunos viajando desde largas distancias, y lo han dedicado a reflexionar entre todos, a encontrar caminos para hacer, a no quedarse inmóviles, con los brazos cruzados. Al verlos y escucharlos, no puedo dejar de pensar en lo mucho que sus ganas de cambiar se parecen a las de mucha gente en Nicaragua, en Centroamérica y en muchos otros lugares. Por eso, aunque el “Pulpo romántico” intente atraerlos con su sugerente mensaje, ellos siguen allí, enfrascados en su plática. Tendrá que esperar otra ocasión para que lo visiten.

San Francisco de Quito, 23 de septiembre de 2013

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