Conflictos sociales, Ecuador, Esmeraldas, Indigenas, Jovenes, Mujeres, Paz, Sudamerica

El Pulpo romántico

El Pulpo romántico. Foto: Liosday Landaburo

El Pulpo romántico. Foto: Liosday Landaburo

En la acera de enfrente, un grupo de hermosos jóvenes mulatos, bailan, bromean y toman cervezas. Detrás de ellos la playa, un inmenso mar con una fila de barcos petroleros esperando entrar al puerto y por la calle, gentes que van y vienen. Mañana, tarde y noche el cuadro se repite una y otra vez mientras el “Pulpo romántico”, uno de los restaurantes más antiguos y conocidos del lugar, espera con sus puertas abiertas a los esmeraldeños.

Pero esta tarde de sábado frente a él se ha juntado un grupo de gente diferente y diversa, igual que la gente de Esmeraldas, la ciudad y la provincia costera de Ecuador. Algunos son maestros, otros periodistas. Hombres y mujeres; unos jóvenes y otros, no tanto; mulatos, indígenas y mestizos. Todos reciben y agradecen la refrescante brisa marina que calma el calor y descansan la vista con el bonito atardecer que ofrecen el sol y las palmeras.

Se conocieron hace poco, pero conversan animadamente de algo que les ha ocupado todo el día: la diversidad de culturas que co-existen en la ciudad. Una diversad que está representada en ellos mismos, pero que viene aparejada con la discriminación, el rechazo, los conflictos y la violencia. Hablan de hermosos rituales, música y comidas; pero también de experiencias que duelen porque las ven, las tocan y las viven diariamente en la casa, en la escuela, en todas partes.

El fin de semana, su tiempo de descanso, se han reunido, algunos viajando desde largas distancias, y lo han dedicado a reflexionar entre todos, a encontrar caminos para hacer, a no quedarse inmóviles, con los brazos cruzados. Al verlos y escucharlos, no puedo dejar de pensar en lo mucho que sus ganas de cambiar se parecen a las de mucha gente en Nicaragua, en Centroamérica y en muchos otros lugares. Por eso, aunque el “Pulpo romántico” intente atraerlos con su sugerente mensaje, ellos siguen allí, enfrascados en su plática. Tendrá que esperar otra ocasión para que lo visiten.

San Francisco de Quito, 23 de septiembre de 2013

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Centroamérica, Comidas, Ecuador, Gastronomia, Maíz, Nicaragua

El choclo

Tamalito ecuatoriano. Foto: Elvira Cuadra

Tamalito ecuatoriano. Foto: Elvira Cuadra

Así le llaman aquí. En Mesoamérica, nosotros le llamamos maíz. Nadie se lo imaginaría pero en Ecuador hay una gran variedad de maíces, tanta como la que conocemos en nuestras tierras. Maíces grandes, pequeños, rojos, blancos, amarillos, azules, negros… y de ellos, una amplia variedad de comidas. Maíz tostado, cocido, motes, coladas, humitas, tamales, tortillas, canguil. Sabores diferentes a lo viejo conocido pero no extraños.

Los motes se preparan con maíz blanco cocido, que se remoja en agua un buen rato, se cuece hasta que el grano revienta y está listo para acompañar una rica fritada, que no es otra cosa que carne de cerdo frita con ensalada.

El morocho se parece a nuestros atoles de maíz con una consistencia bastante líquida y dulce pero con un sabor apenas diferente, le agregan granos de maíz. Las humitas son pequeños tamales de maíz tierno, a veces rellenos de carne y a veces de queso. En Nicaragua sus primos hermanos son los yoltamales. Los tamales de maíz maduro también rellenos de pollo, en Nicaragua tienen otros parientes cercanos en los tamales pisques y el nacatamal.

Un tipo de maíz de grano grande, se tuesta y acompaña frecuentemente las comidas, especialmente las sopas. Aunque también se puede convertir en una sabrosa y tradicional golosina cuando lo recubren con dulce de panela. Más divertido y multifacético es el canguil que bien puede ser acompañante para una sopa, como abre boca antes de una comida o bien, en el tiempo libre. El canguil es muy apetecido, casi infaltable en una mesa ecuatoriana, y no es otra cosa que ¡palomitas de maíz!

La tradición gastronómica de este país nos muestra que el choclo, o nuestro maíz, ha hecho un largo camino y construido fuertes lazos. ¿Por qué no nos habíamos enterado antes?

San Francisco de Quito, 08 de agosto de 2013

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Ecuador, Gastronomia, Mujeres, Sudamerica, Tiempos, Viajes

Los sabrosos pescados de doña Lijia

Doña Lijia. Foto: Julio Vera

Doña Lijia. Foto: Julio Vera

Se llama Lijia, con jota. Su oficio es freír pescados. Vive en una calle del norte de Quito que se llama La Bota. Allí mismo tiene su pescadería, un lugar de mesas sencillas y limpias cubiertas por un mantel de plástico. Las paredes están adornadas por numerosos rótulos como uno que dice: “No fío para no perder mi dinero y su amistad”, o el otro que dice: “Los sabrosos pescados de doña Lijia”, pintado sobre la reproducción de un cuadro que a la vez, muestra un paisaje de hace tiempo.

Los sábados, la gente comienza a llegar perezosamente pasado el mediodía y el lugar se va llenando con los comensales. Tal como dice el rótulo, la especialidad de doña Lijia son los pescados fritos, así, al estilo Tipitapa como un buen Managua se lo puede imaginar. En el plato, al pescado lo acompaña un pedazo de yuca cocida y una ensaladita de cebolla morada con tomate que aquí conocen como encurtido.

Las muchachas que ayudan, corren de un lado a otro llevando y trayendo platos y bebidas mientras doña Lijia no se despega de la enorme olla de aceite hirviendo de donde salen los pescados fritos, justo al lado de las mesas, de manera que cada quien puede ver justo cuando están cocinando el suyo. De vez en cuando sale de su esquinita y se acerca a alguna mesa para llevar personalmente el pescado recién salido de la olla. De allí en adelante, ¡prepárese!, los cubiertos le van a sobrar porque terminará literalmente, chupándose los dedos.

Cada lugar tiene esos lugares pequeños y casi escondidos, lugares donde se come muy rico con sabor popular. Quito también los tiene y éste es uno de ellos. Así que ya sabe, si un día pasa por aquí, pregunte por La Bota y vaya a comer los sabrosos pescados de doña Lijia.

San Francisco de Quito, 19 de agosto de 2013

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Parce

El grupito. By Elvira Cuadra

El grupito. By Elvira Cuadra

“Parce” es una palabrita que me llegó con las amigas colombianas que encontré en esta nueva experiencia. No se bien que significa, ni ellas me lo pudieron explicar claramente cuando les pregunté, pero entendí que tiene diversos significados. La forma en que la utilizan aquí es como para decir “amiga”, “querida”, “compañera” o algo parecido. Y dicha así, es una buena palabra para describir a cada una de las personas que he venido a encontrar aquí y que me han acompañado este tiempo.

Dos nuevos grupos de amigos he recibido en estos días. Mi grupo de clase es la maravilla: tres colombianas, una argentina, una cubana, dos ecuatorianas, una mexicana, una gringa, dos chilenos, un colombiano, cinco ecuatorianos. Es decir, Yiya, Evelyn, Catalina, Maga, Yahima, Ericka, Karen, Tania, Erica, Manuel, Víctor, Migue, José Antonio, Patricio, Edu, Inti y Javier. Todos unidos por uno de esos cariños y por una gran solidaridad que pocas veces se encuentran. Compartimos las risas, las bromas, las anécdotas, las pequeñas alegrías, las prisas, las tristezas, el estrés, las fiestas, las lecturas, el salón de clases, los almuerzos, una aburrida exposición, una cerveza pasada a pico de botella, y un montón de cosas más. Cada uno me llegó de una manera especial y las palabras no alcanzan para describir quién es cada uno de ellos. Estos son mis “parces” de verdad, verdad.

De uno en uno he agregado otro grupo de amigos y amigas por aquí. Están Nata, Meli, Cris, Lina, Nilson, Anita, Gaby, Lucy, Sarita, Manu, Tania, y varios más. Todos de diferentes nacionalidades y formas de ser, pero sobre todo, gente con muchas ganas de vivir y con mucho cariño para dar.

San Francisco de Quito, 02 de julio de 2013

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La revolución en bici

Rafael Correa en bicicleta

Rafael Correa en bicicleta. By Martín Jaramillo/AP

Me tocó presenciar la campaña electoral presidencial del Ecuador en 2013. La campaña como tal, se parecía mucho a todas las campañas electorales que se pueden ver hoy día en Latinoamérica: mucho marketing político, movilizaciones, banderas, discursos, entrevistas, debates, spots publicitarios y candidatos sonrientes abrazando pueblo.

Pero a diferencia de otros lugares, fue interesante ver que la agenda pública y las vidas cotidianas no se agotaron por la política, aun cuando la campaña con sus ofertas presidenciales movía la simpatía de un buen grupo de personas. Un día de esos, recuerdo una discusión política en una estación de buses, más que una discusión parecía plática de vecinos, y los argumentos, por encima de las opciones electorales, se enfocaban en la gestión y el estilo del presidente Rafael Correa que corría como candidato por tercera vez. Quienes argumentaban en contra decían que en general aprobaban su gestión y reconocían cambios importantes en la atención y el acceso de los ciudadanos a distintos servicios públicos, así como la construcción de carreteras y otras obras de infraestructura. De hecho, en el mejor spot de campaña se puede ver a Correa recorriendo el país en bicicleta por anchas y nuevas carreteras. Los que discutían agregaban que no estaban de acuerdo con sus discursos confrontativos y sus “pleitos gratuitos” con la prensa.

No hubo sorpresas en los resultados como tampoco se esperan cambios en esta nueva gestión, de manera que Rafael Correa iniciará mañana su tercer mandato de gobierno nuevamente a paso de bicicleta y acompañado con un clásico de los Beatles como música de fondo.

San Francisco de Quito, 22 de mayo de 2013

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