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Los nacatamales políticos

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El nacatamal. Foto: Elvira Cuadra

Una de las más populares, tradicionales y deliciosas comidas nicaragüenses es el nacatamal. Heredero indiscutible del mestizaje donde se mezclan el maíz originario con ingredientes que nos llegaron con la colonia, es desayuno casi obligado un buen domingo. Los de mi abuelita eran de un sabor inolvidable e inigualable. Todos los viernes en la noche esperaba pacientemente junto a la olla para comerlos recién hechos y seguía comiéndolos durante todo el fin de semana. Sigue leyendo

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El choclo

Tamalito ecuatoriano. Foto: Elvira Cuadra

Tamalito ecuatoriano. Foto: Elvira Cuadra

Así le llaman aquí. En Mesoamérica, nosotros le llamamos maíz. Nadie se lo imaginaría pero en Ecuador hay una gran variedad de maíces, tanta como la que conocemos en nuestras tierras. Maíces grandes, pequeños, rojos, blancos, amarillos, azules, negros… y de ellos, una amplia variedad de comidas. Maíz tostado, cocido, motes, coladas, humitas, tamales, tortillas, canguil. Sabores diferentes a lo viejo conocido pero no extraños.

Los motes se preparan con maíz blanco cocido, que se remoja en agua un buen rato, se cuece hasta que el grano revienta y está listo para acompañar una rica fritada, que no es otra cosa que carne de cerdo frita con ensalada.

El morocho se parece a nuestros atoles de maíz con una consistencia bastante líquida y dulce pero con un sabor apenas diferente, le agregan granos de maíz. Las humitas son pequeños tamales de maíz tierno, a veces rellenos de carne y a veces de queso. En Nicaragua sus primos hermanos son los yoltamales. Los tamales de maíz maduro también rellenos de pollo, en Nicaragua tienen otros parientes cercanos en los tamales pisques y el nacatamal.

Un tipo de maíz de grano grande, se tuesta y acompaña frecuentemente las comidas, especialmente las sopas. Aunque también se puede convertir en una sabrosa y tradicional golosina cuando lo recubren con dulce de panela. Más divertido y multifacético es el canguil que bien puede ser acompañante para una sopa, como abre boca antes de una comida o bien, en el tiempo libre. El canguil es muy apetecido, casi infaltable en una mesa ecuatoriana, y no es otra cosa que ¡palomitas de maíz!

La tradición gastronómica de este país nos muestra que el choclo, o nuestro maíz, ha hecho un largo camino y construido fuertes lazos. ¿Por qué no nos habíamos enterado antes?

San Francisco de Quito, 08 de agosto de 2013

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Los sabrosos pescados de doña Lijia

Doña Lijia. Foto: Julio Vera

Doña Lijia. Foto: Julio Vera

Se llama Lijia, con jota. Su oficio es freír pescados. Vive en una calle del norte de Quito que se llama La Bota. Allí mismo tiene su pescadería, un lugar de mesas sencillas y limpias cubiertas por un mantel de plástico. Las paredes están adornadas por numerosos rótulos como uno que dice: “No fío para no perder mi dinero y su amistad”, o el otro que dice: “Los sabrosos pescados de doña Lijia”, pintado sobre la reproducción de un cuadro que a la vez, muestra un paisaje de hace tiempo.

Los sábados, la gente comienza a llegar perezosamente pasado el mediodía y el lugar se va llenando con los comensales. Tal como dice el rótulo, la especialidad de doña Lijia son los pescados fritos, así, al estilo Tipitapa como un buen Managua se lo puede imaginar. En el plato, al pescado lo acompaña un pedazo de yuca cocida y una ensaladita de cebolla morada con tomate que aquí conocen como encurtido.

Las muchachas que ayudan, corren de un lado a otro llevando y trayendo platos y bebidas mientras doña Lijia no se despega de la enorme olla de aceite hirviendo de donde salen los pescados fritos, justo al lado de las mesas, de manera que cada quien puede ver justo cuando están cocinando el suyo. De vez en cuando sale de su esquinita y se acerca a alguna mesa para llevar personalmente el pescado recién salido de la olla. De allí en adelante, ¡prepárese!, los cubiertos le van a sobrar porque terminará literalmente, chupándose los dedos.

Cada lugar tiene esos lugares pequeños y casi escondidos, lugares donde se come muy rico con sabor popular. Quito también los tiene y éste es uno de ellos. Así que ya sabe, si un día pasa por aquí, pregunte por La Bota y vaya a comer los sabrosos pescados de doña Lijia.

San Francisco de Quito, 19 de agosto de 2013

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