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Diez reflexiones cortas sobre conflictos en Nicaragua

La historia no se cambia repitiéndola.  PXMolina/Confidencial

La historia no se cambia repitiéndola. PXMolina/Confidencial

 

1. El conflicto social y político en Nicaragua es una realidad de la vida cotidiana desde hace décadas.
2. La violencia no es parte de la idiosincrasia nacional, es expresión de la desigualdad y marginalidad en que viven grandes grupos sociales.
3. La violencia política siempre ha sido expresión de conflictos sociales no escuchados y no atendidos.
4. El conflicto social se transforma en violencia política cuando el Estado no tiene, o no quiere tener, mecanismos institucionales para atender las demandas y necesidades sociales.
5. No hay pobres manipulados, hay ciudadanos que quieren ser escuchados.
6. Los gobiernos siempre han intentado esconder o eliminar el conflicto social y político.
7. El método preferido ha sido la represión con policía o ejército aunque sus efectos son contraproducentes. Violencia genera más violencia.
8. El otro método es la estigmatización. “Bandas de delincuentes rurales” les llamaron a los ex combatientes a inicios de los 90; “transgresores”, eran los estudiantes que demandaban el 6 % del presupuesto para las universidades; “delincuentes”, “terroristas”, “desestabilizadores del gobierno”, les llaman ahora nuevamente.
9. La violencia de los últimos días más que motivaciones políticas, tiene origen en causas sociales: pobreza y marginalidad.
10. Cuando han existido espacios de diálogo y participación, la violencia social y política ha disminuido significativamente.

Rompamos el círculo…

Managua, 18 de agosto de 2014

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Centroamérica, Mujeres, Nicaragua, Paz, Policia, Seguridad

De 48 a 18: ¿y las otras 30?

No mas femicidios. Foto: Ieepp

No mas femicidios. Foto: Ieepp

Las declaraciones de un alto oficial de la Policía de Nicaragua desestimando las denuncias de las organizaciones de mujeres en relación a la cruel ola de femicidios en el país, provocan preguntas que difícilmente se pueden quedar en el tintero.

¿Cómo puede haber una brecha tan grande entre los datos de femicidios de las organizaciones de mujeres, las de la Comisaría de la Mujer y la jefatura de la Policía? Si el argumento es la tipificación del delito, ciertamente la policía está haciendo una interpretación de la ley que en realidad no le corresponde. Basta revisar los reportes de los diarios para darse cuenta que se trata de asesinatos atroces donde la víctima es siempre una mujer, y el victimario, un hombre que intentaba demostrar su poder sobre ella ya fuera conocido o desconocido. Eso, según la ley, es femicidio.

En el plano más técnico o académico, vale la pena preguntarse sobre la “magia” institucional con los datos. La estadística es una disciplina de mucho rigor que puede ser bien utilizada o manipulada a conveniencia. Por eso frecuentemente es vilipendiada injustamente. Si acompañamos el dato de los femicidios en Nicaragua con otras informaciones podemos comprobar que un buen porcentaje de mujeres (14 %) sufren de violencia dentro de sus familias, es decir, dentro de sus casas; pero además, entre el 11 y 40 % de mujeres sienten temor de ser acosadas cada vez que salen a la calle. Más grave aún, el tipo de acoso al que más temen no es a los piropos, sino a los manoseos y las persecuciones. Formas graves de acoso y violencia que han sufrido en las calles. Como se puede ver, hay un contexto público y privado que favorece los femicidios en tanto las mujeres son vistas por la mayoría de los hombres como objetos de posesión sexual aunque no tengan parentesco, o relación con ellas.

La situación es crítica no solamente por la cantidad de mujeres asesinadas, sino también por la atrocidad de esos asesinatos y la impunidad de los victimarios. Si eso no fuera así, la preocupación de la Corte Suprema de Justicia no llegaría hasta organizar una marcha. En lo que a la Policía respecta, el “reajuste” de la estadística se contradice con los datos de las Comisarías de la Mujer y nos hace preguntarnos si algo similar no estará ocurriendo con la reducción que desde hace algunos años presenta la tasa de homicidios por 100 mil habitantes, dato que tanto enorgullece tanto a la institución policial y que estadísticamente nos distingue del resto de Centroamérica.

Vale la pena preguntarse si al disminuir el número de femicidios se va a incrementar entonces la tasa de homicidios en este año, porque, ya sea que le llamen homicidio o asesinato, las mujeres muertas están. ¿Seguiremos llamándonos “el país más seguro” de Centroamérica?

Managua, 11 de julio de 2014

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