Centroamérica, Comidas, Mujeres, Viajes

En todas partes se comen tortillas

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Foto: Migrantes centroamericanos. Tomada de internet

O bien, La silenciosa integración en Centroamérica

Estaban sentadas en la fila de asientos detrás de mí, platicaban entre ellas dos pero eran parte de un grupo más grande. Unas veinte. Las otras se tomaban fotos con sus teléfonos, hacían poses, se acomodaban el pelo. Una y otra foto hasta que salía la que les parecía bonita con el avión de fondo. Estaban impacientes y todas cargaban hermosas bolsas llenas de regalos. La plática. Sí, la plática era más o menos esta… Sigue leyendo

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El columpio junto al lago

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El columpio junto al lago. Foto: Elvira Cuadra

La hamaca del columpio se mece cada vez más rápido y alto. Entre risas y gritos las voces infantiles piden más y más. El sol brilla con fuerza, el calor sofoca y al fondo, el lago Cocibolca, los mira desde sus aguas azuladas y calmas. El lugar es una isla-santuario de tiempos inmemoriales: la isla Zapatera. Sigue leyendo

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Bilwi, Caribe, Centroamérica, Ciudades, Etnias, Indigenas, Nicaragua, Paz, Viajes

Fabricando sueños en el Caribe

Jóvenes miskitos fabricando sueños. Foto: Elvira Cuadra

Jóvenes miskitos fabricando sueños. Foto: Elvira Cuadra

Treinta jóvenes recorren el camino largo, sinuoso y de tierra rojiza para llegar a su destino. Otros jóvenes les acompañan haciendo grupos. Cuando llueve, el camino se llena de baches y charcos que sortean de salto en salto cuidando no ensuciar sus zapatos. Al llegar, se instalan en el salón de la universidad que los ha acogido: la Uraccan, en la ciudad caribeña de Bilwi, al noreste del país. Todos sentados, bien quietos y tiritando, más por los nervios que por el frío. Hablan en voz baja y algunos cargan maquetas coloridas en sus regazos.

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Los sabrosos pescados de doña Lijia

Doña Lijia. Foto: Julio Vera

Doña Lijia. Foto: Julio Vera

Se llama Lijia, con jota. Su oficio es freír pescados. Vive en una calle del norte de Quito que se llama La Bota. Allí mismo tiene su pescadería, un lugar de mesas sencillas y limpias cubiertas por un mantel de plástico. Las paredes están adornadas por numerosos rótulos como uno que dice: “No fío para no perder mi dinero y su amistad”, o el otro que dice: “Los sabrosos pescados de doña Lijia”, pintado sobre la reproducción de un cuadro que a la vez, muestra un paisaje de hace tiempo.

Los sábados, la gente comienza a llegar perezosamente pasado el mediodía y el lugar se va llenando con los comensales. Tal como dice el rótulo, la especialidad de doña Lijia son los pescados fritos, así, al estilo Tipitapa como un buen Managua se lo puede imaginar. En el plato, al pescado lo acompaña un pedazo de yuca cocida y una ensaladita de cebolla morada con tomate que aquí conocen como encurtido.

Las muchachas que ayudan, corren de un lado a otro llevando y trayendo platos y bebidas mientras doña Lijia no se despega de la enorme olla de aceite hirviendo de donde salen los pescados fritos, justo al lado de las mesas, de manera que cada quien puede ver justo cuando están cocinando el suyo. De vez en cuando sale de su esquinita y se acerca a alguna mesa para llevar personalmente el pescado recién salido de la olla. De allí en adelante, ¡prepárese!, los cubiertos le van a sobrar porque terminará literalmente, chupándose los dedos.

Cada lugar tiene esos lugares pequeños y casi escondidos, lugares donde se come muy rico con sabor popular. Quito también los tiene y éste es uno de ellos. Así que ya sabe, si un día pasa por aquí, pregunte por La Bota y vaya a comer los sabrosos pescados de doña Lijia.

San Francisco de Quito, 19 de agosto de 2013

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La gran aventura

Brigadistas CNA. Foto cortesía: Claudia Pineda

Brigadistas CNA. Foto cortesía: Claudia Pineda

Salimos de madrugada. Nos avisaron la noche antes y ya teníamos las mochilas casi listas, faltaban algunos días para la fecha oficial de inicio de la Cruzada Nacional de Alfabetización. Llegamos al colegio bien temprano antes del amanecer, nos acompañaban nuestros padres. Era un día de finales de marzo, 1980.

En el patio, nos esperaban varios camiones. Nos dijeron quiénes íbamos en cuál, pero no hacía dónde. Subimos y estábamos listos para salir. Viajamos todo el día por una carretera poco conocida, delante y detrás de nosotros una larga fila de camiones llenos de jóvenes como nosotros. Luego un camino de tierra lleno de subidas y bajadas que se hizo eterno. Todos, casi niños, sin conocer el camino, nos preguntábamos el destino. Íbamos contentos, medio asustados, hombres y mujeres. ¡Era la gran aventura de la vida!

Poco antes de caer la noche llegamos al pueblo. Telpaneca, se llama. Al norte del país, en Las Segovias, cerca de la frontera con Honduras. Nunca había viajado tan lejos de mi casa y muchos menos al campo. El pueblo estaba lleno de jóvenes, no estábamos solos. Pensamos que ese era nuestro destino final, pero no. Al día siguiente nos separaron en grupos más pequeños de mujeres y hombres, y nos trasladamos a las comarcas. El Naranjo, Los Pinares, Playa Hermosa, Quibuto, El Limón, Cantagallo, Santo Domingo, casi cincuenta comarcas y varios cientos de brigadistas provenientes de diferentes colegios de Managua, repartidos por todo el municipio. Otra vez a los camiones, para adentrarnos en la montaña, cerro arriba. Viví allí seis meses, entre pinares, árboles de naranja, café y campesinos buenos.

De esa época guardo una única y borrosa foto que no tengo conmigo en este momento, en ella estamos mi amiga de siempre Flor de Oro, mi mamá y yo cruzando el Río Coco, descalzas, los pantalones hasta la rodilla y las botas en las manos. No recuerdo cuando la tomaron. Son otros recuerdos los que guardo de la Cruzada de Alfabetización y una certeza que crece más en la medida que pasa el tiempo. Ese fue el tiempo que me cambió la vida.

San Francisco de Quito, 06 de julio de 2013

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Montañas

Montañas en Ecuador. By Elvira Cuadra. 2013

Montañas en Ecuador. By Elvira Cuadra. 2013

En Ecuador hay cuatro regiones: la costa, la sierra, la Amazonía y las Galápagos. La sierra tiene dos hileras de elevadas montañas que se pueden ver incluso dentro de la propia ciudad de Quito y en las afueras nada más salir a recorrer las carreteras. Yendo hacia el norte las montañas son impresionantes no solo por su altura sino por la belleza y la variedad de sus paisajes. Dicen que allí nacen Los Andes y debe ser cierto porque nunca había visto ni subido montañas tan altas.

Rumbo al sur, las montañas permanecen en su majestuosidad y se entremezclan con la melancólica, fría y desierta belleza de los páramos. Algunas llamas y vicuñas pastan en las alturas y las bajas temperaturas mientras un poco más adelante, un grupo de chozas casi escondidas entre la niebla y el suelo me muestran con sorpresa que están habitadas.

Dos sorpresas más me han reservado esas montañas. La primera, el encuentro de un sitio de aguas termales a medias escondido entre una laguna, la montaña, el frío y una espesa niebla. La segunda, ha sido una agradable sorpresa, una especie de espejismo cuando, al volver la vista atrás, subiendo por una sinuosa carretera,  descubrí, bajo un rayo de sol que se colaba entre las nubes, la blancura de un pico nevado iluminado brillantemente, y elevándose por encima del mundo.

San Francisco de Quito, 11 de abril de 2013

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Bufandas

Bufandas. By Elvira Cuadra, Quito, 2013.

Bufandas. By Elvira Cuadra, Quito, 2013.

De lana, de algodón, de seda, lisas, a cuadros, rayadas, con flecos, pompones, oscuras, de colores alegres, chillantes, largas, cortas, de todas las formas y colores. Así son las bufandas que se pueden ver a diario en Quito. Accesorio indispensable del vestir. Nunca sobran, siempre faltan.

Es que en Quito el frío no parece dar tregua. Cuando me dijeron que en esta ciudad era posible experimentar las cuatro estaciones en un día, francamente me pareció exagerado. Pero de algún modo es cierto. El día que comienza con un esplendoroso sol, al rato bien puede cambiar a una torrencial lluvia. Y no importa si hay sol, lluvia, niebla o granizo, siempre habrá frío.

El frío siempre hace las cosas y a la gente diferentes. Aquí, por ejemplo, puertas y ventanas permanecen cerradas para espantarlo y preservar el calor dentro de las casas y los edificios. La gente es muy amable, pero reservada, respetuosa o comedida como dirían algunos. En Nicaragua, como se sabe, las casas casi siempre están abiertas y la gente es también amable, pero espontánea.

Las gentes de Quito no se detienen por el cambiante clima o el frío. Mientras veo a la calle buscando señales de buen tiempo para animarme a salir; en medio de la lluvia o el frío ellos simplemente se abrigan, salen y hacen sus cosas, no importa si es trabajo, estudio o diversión. Eso no es problema y nada los detiene. Así, se pueden ver señoras, jóvenes, niños, hombres, muchachas, mujeres arropadas con suéteres, abrigos, botas y ¡por supuesto!, una bufanda.

San Francisco de Quito, 18 de marzo de 2013

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