Barrio, Centroamérica, Circo, Ciudades, Entretenimiento, Nicaragua, Tiempos

¡Llegó el circo!

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Aparecen de tanto en tanto por el barrio. Días antes circula el rumor y se cuela en las conversaciones de la calle: ¿Vas a ir? Siiii, dicen que viene un man bueno en el trapecio y unos payasos salvajes.

Días después, gran desfile por la calle acompañado de barata. ¡Llegó, llegó! El gran circo internacional de los hermanos…, los invita a su sensacional espectáculo. Exóticas bailarinas, perritos amaestrados, divertidos payasos, boxeadores internacionales. Eso y mucho más a partir de esta noche en el grandioso circo internacional de los hermanos… ¡Entretenimiento para toda la familia!

Por la noche, carpa levantada y palidas luces improvisadas, las débiles graderías se van llenando poco a poco. Familias enteras, grupos de muchachos y muchachas, niños y niñas, hacen fila para matar el tedio y la rutina. El rótulo de letras rojas y disparejas en la taquilla avisa: Adultos – C$10; Niños – C$ 5. Las luces se apagan y cuando encienden nuevamente, un par de payasos, zapatones y overol de colores, salen al escenario con ruidosa música de fondo y arranca la función. Risas y más risas. ¡El circo llegó al barrio!

Managua, 26 de abril de 2014

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Centroamérica, Cruzada Nacional de Alfabetizacion, Jovenes, Nicaragua, Revolución, Viajes

La gran aventura

Brigadistas CNA. Foto cortesía: Claudia Pineda

Brigadistas CNA. Foto cortesía: Claudia Pineda

Salimos de madrugada. Nos avisaron la noche antes y ya teníamos las mochilas casi listas, faltaban algunos días para la fecha oficial de inicio de la Cruzada Nacional de Alfabetización. Llegamos al colegio bien temprano antes del amanecer, nos acompañaban nuestros padres. Era un día de finales de marzo, 1980.

En el patio, nos esperaban varios camiones. Nos dijeron quiénes íbamos en cuál, pero no hacía dónde. Subimos y estábamos listos para salir. Viajamos todo el día por una carretera poco conocida, delante y detrás de nosotros una larga fila de camiones llenos de jóvenes como nosotros. Luego un camino de tierra lleno de subidas y bajadas que se hizo eterno. Todos, casi niños, sin conocer el camino, nos preguntábamos el destino. Íbamos contentos, medio asustados, hombres y mujeres. ¡Era la gran aventura de la vida!

Poco antes de caer la noche llegamos al pueblo. Telpaneca, se llama. Al norte del país, en Las Segovias, cerca de la frontera con Honduras. Nunca había viajado tan lejos de mi casa y muchos menos al campo. El pueblo estaba lleno de jóvenes, no estábamos solos. Pensamos que ese era nuestro destino final, pero no. Al día siguiente nos separaron en grupos más pequeños de mujeres y hombres, y nos trasladamos a las comarcas. El Naranjo, Los Pinares, Playa Hermosa, Quibuto, El Limón, Cantagallo, Santo Domingo, casi cincuenta comarcas y varios cientos de brigadistas provenientes de diferentes colegios de Managua, repartidos por todo el municipio. Otra vez a los camiones, para adentrarnos en la montaña, cerro arriba. Viví allí seis meses, entre pinares, árboles de naranja, café y campesinos buenos.

De esa época guardo una única y borrosa foto que no tengo conmigo en este momento, en ella estamos mi amiga de siempre Flor de Oro, mi mamá y yo cruzando el Río Coco, descalzas, los pantalones hasta la rodilla y las botas en las manos. No recuerdo cuando la tomaron. Son otros recuerdos los que guardo de la Cruzada de Alfabetización y una certeza que crece más en la medida que pasa el tiempo. Ese fue el tiempo que me cambió la vida.

San Francisco de Quito, 06 de julio de 2013

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Semáforos

Solitario vendedor esperando clientes

Solitario vendedor esperando clientes. By Elvira Cuadra, 2013

Como en todas las ciudades que quieren ser modernas, en Quito también hay semáforos para ordenar el tráfico en anchas calles de seis u ocho carriles. Los semáforos de esta ciudad son iguales a los de cualquier otra, pero en una cosa se parecen mucho más a los de Managua y es porque en ellos también hay vendedores ambulantes que ofrecen allí sus productos.

Avenida 6 de diciembre y La República, nueve de la mañana, sol y frío. En la esquina de las dos avenidas un grupo de indígenas se reparte el trabajo. Unos empacan limones, mandarinas o papas, dentro de mallas plásticas, otros se acercan al semáforo a ofrecer una por un dólar, mientras los niños cuidan a otros niños, uno de ellos, un bebé en su cochecito. En otros semáforos, otros indígenas hacen lo mismo ofreciendo a los conductores manzanas, fresas, peras, papas, mellocos, golosinas, lentes de sol y hasta lampazos, o trapeadores. En el mismo semáforo, u otro diferente, malabaristas, saltimbanquis y hasta un funámbulo improvisado, acompañan a los vendedores recogiendo unas cuantas monedas a cambio de sus acrobacias.

El paisaje no varía mucho de un día a otro, no importa si es martes o domingo. Hay días buenos y días malos para la venta, y hay días en los que hay que migrar a otro lugar. Pero, si busca una fruta de verdad dulce, mejor comprarla en un semáforo.

San Francisco de Quito, 16 de mayo de 2013

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